Es imperativo que los gobiernos, las empresas, la sociedad civil y las organizaciones internacionales apoyen a los pueblos indígenas en la urgente restauración de los ecosistemas. Creemos que, a pesar de la responsabilidad del Norte global en la responsabilidad de esta catástrofe sin precedentes, son los pueblos indígenas de la cuenca Amazónica los que liderarán las soluciones más duraderas y audaces a la crisis actual.

Esta alianza es única porque es una iniciativa de organizaciones indígenas, dirigida por indígenas (27 de los 29 miembros de la junta directiva son representantes de organizaciones indígenas) y es uno de los mayores programas de conservación de bosques en pie del mundo, con un plan de transición socio-ecológica que tiene acciones tanto a nivel territorial como global.

Este esfuerzo es un llamamiento a todos los seres humanos, muchos de los cuales ya no confían en la retórica de los grandes eventos mundiales, los gobiernos nacionales o los sistemas de gobernanza tradicionales. Más allá del apoyo financiero, que sin duda es necesario, este y otros esfuerzos similares intentan evitar un camino que lleve a la destrucción y a la muerte, y promover uno que lleve a la regeneración. Este camino es aquel en el que todos los seres vivos, indígenas y no indígenas, amazónicos y no amazónicos, seres humanos y no humanos, puedan vivir con dignidad y seguridad, evitando además el colapso climático. Tenemos que actuar con audacia y rapidez. ¿Por qué no empezar por proteger el corazón del planeta?

Este es un artículo de opinión y análisis, y las opiniones expresadas por el autor o los autores no son necesariamente las de Scientific American.